13 may. 2013

Capítulo dieciocho: También lo era.

Chicas, les comento, comencé a trabajar y a ensayar para competir bailando ritmos caribeños y latinos. Eso sumado a que también estudio en la universidad y a que soy joven y me gusta mucho salir y divertirme, me deja muuuuuuuy poco tiempo libre en casa para sentarme a escribir. Ya quedan pocos capítulos para el final. Es este, cuatro más y se termina. (igualmente tengo pensado hacer un segundo libro) Así que sepan disculpar la tardanza, pero hago lo que puedo. No se olviden de comentar qué les parece el capitulo! Sus comentarios son de mucha ayuda!
Saludos, Mica.




Capitulo 18 

También lo era.




Aquella rosa entre mis cabellos era particularmente distinta a las demás que siempre me habían llegado con los sobres. Ésta no tenía espinas, alguien se las habría quitado seguramente para que no me lastimara al colocármela.

Estaba tan enojada con todos y con nadie, conmigo misma por no haber podido soñar. Es que realmente lo deseaba, si esa era la única manera en que yo podría hablar con Benjamin, tocarlo, besarlo... casi pasaría mi vida en coma si durante el sueño estaba él para mí.

Poco entendía de nada y nada entendía de todo. ¿Por qué tenia que ser todo tan confuso? Creo que durante todo el viaje ya era la vez un millón que me preguntaba lo mismo, pero es que realmente no lo entendía.

Si Benjamin era un demonio... ¿existirían los ángeles? Yo siempre me declaré a mi misma como agnóstica, pero si existían los demonios, se supone que también Satanás, Dios y toda esas patrañas que dicen la Biblia. No quería creer eso, tendría que existir otra explicación porque si en realidad la Biblia era verídica, pues yo quiero creer que el Conde Drácula también lo era.

Quería hablar con Benjamin, quería que él me explicara de una vez todo esto. Quería saber qué era lo que me tenía en peligro, quería de una vez por todas poder ser feliz sin pensar en todo lo que ignoraba y necesitaba saber.

Entré en la habitación y rápidamente guardé el sobre y la rosa junto con los demás antes que cualquiera de las chicas pudiera verlos.

— ¿Por qué no me despertaste? — Le pregunté a Marissa ni bien vi sus ojos abiertos.

— ¿Recuerdas cómo nació la cicatriz que tengo aquí mismo? — Refutó mientras se señalaba el mentón. Había pasado hacía un par de años cuando decidió hacerme una mala broma asustándome para despertarme. Acto reflejo, patada en su rostro. Solo sé que de alguna manera mi pie terminó en su mandíbula generándole un gran corte al que le pusieron 7 puntos. Con los años ya casi ni se notaba, sólo con mucho mirarla podría verse.

— Buen punto.

Tenía una mala espina acerca de éste día, muy en mi interior sabía que algo había cambiado, que hoy sería distinto, aunque quizá sólo era porque me había levantado de mal humor.

Me cambié la ropa de Amelie y procuré estar rápidamente abajo. Desayuné normalmente, una taza de café doble y algunas donas. No es que fuera muy fanática de las cosas dulces, pero debía consumir algo de azúcar si esperaba estar despabilada durante el día.

Subimos al bus, de a poco y observando comenzaba a conocer mas a mis nuevas compañeras de cuarto. Jessica y Barbra eran muy unidas, al igual que Juliette y Cassandra, pero también lo eran entre las cuatro. Amelie y Hanna también tenían una cierta conexión particular, pero de alguna manera, les apetecía más pasar tiempo con Marissa y conmigo. Una forma de definirlas sería que las primeras cuatro eran mas bien cerradas a hacer nuevas amistades y las ultimas dos eran mas sociables e integradoras, si es que esa palabra existe.

Traté de cambiar mi humor, después de todo, las chicas no tenían la culpa de que yo no soñara... ¿Qué estoy diciendo? Ellas eran las culpables de eso. Juliette por encerrarse en el dormitorio con David, las demás por no despertarme cuando pasaron por mi lado, incluso Frederic por no encontrarme antes y llevarme a su cama.

— ¿Sabías que dormí en el piso del pasillo la pasada noche, Juliette? — Le pregunté apenas tuve un segundo cerca de ella. No sé con qué tono lo dije, no sé si fue tajante, maleducado o cómico, fue como me salió.

— Si, Cassie me contó.

— ¿Es que acaso no has escuchado todas las veces que golpeé la puerta?

— Es que estábamos dormidos. — Ah bueno, lo que faltaba. Si por lo menos hubieran estado haciendo algo privado se justificaría el cerrojo.

— Entonces... ¿Por qué la puerta tenía la traba puesta?

— Ya, lo lamento... ¿si? Con las chicas teníamos como un código, ninguna volvía a nuestra habitación tan temprano.

— Habría sido bueno saberlo... en vez de quedarme en el pasillo hubiera ido a mi anterior habitación y por lo menos no dormía en el piso. — ¿Pero cómo no se me había ocurrido antes?

— Bueno, basta. — Se metió Marissa. — Somos las nuevas allí, Sam. Fue un error de comunicación y no solo de Julie... Amelie y Hanna no te avisaron nada cuando te vieron ir temprano.

— Es que... — Comenzó Hanna

— Ya. No importa. Pero intentemos que no se repita.

El bus llegó a destino. Era una montaña realmente alta y nosotros estaríamos cerca de la cumbre teniendo en cuenta la extensión de la pendiente.

La nieve allí era distinta, era muy fina, parecía polvo de nieve, mas que los comunes y conocidos copos que se asemejan al hielo del congelador pero con aire por dentro. Si ponías el pie por fuera del sendero, se enterraba unos 20 centímetros en la fría capa blanca. Era distinto a tal punto, que era muy complicado formar una bola, solo se podía rellenar la palma de la mano y la usarla como catapulta de polvo de nieve. Lo que, por cierto, no era menos divertido.

Nos formaron en una fila para contarnos y entregarnos los utencillos para esa actividad. Nos facilitaron guantes, gafas de sol, un casco y una especie de trineo pero plástico y para una sola persona.





— Bueno, niños, esto no es muy difícil pero sí es bastante peligroso si no lo hacen con cuidado.

< Toda la ciencia de esto está en las manos. Con una mano siempre van a tomar el trineo, no valla a ser que se les quiera escapar... — Dijo en tono cómico guiñándonos un ojo. — la otra mano la apoyarán en el piso cada vez que quieran girar. Si quieren hacerlo a la derecha, será la mano derecha la que utilicen, si es a la izquierda, la izquierda.

< Para frenar es lo mismo que si estuvieran en un coche. Cuando en un coche van a una cierta velocidad, para frenar de golpe deben pisar a fondo la palanca del freno y la del embriage... aquí no les recomiendo mucho frenar de manera precipitada porque la persona que venga detrás de ustedes no es adivino, seguramente no frenará y ocurrirá un accidente. Conclusión, la mecánica es la misma pero no de manera brusca: clavan los talones levemente por delante de ustedes y el trineo frenará.

<Por ultimo, la pendiente les dará velocidad, respétenla.

< ¿Preguntas?

— ¿Cómo podremos saber si estamos pasando el limite de velocidad? ¿Nos dará un velocímetro? ¿Cómo haremos para respetarla si no sabemos su tope? — Preguntó un niño con pinta de nerd.

— ¿Eres algo literal, verdad? No, no les daremos un velocímetro. Cuando vean que les causa vértigo ir tan rápido o cuando sientan que pierden el control del trineo, utilicen sus talones.

< ¿Alguna otra duda? ... Bueno, entonces primero los varones.

— ¿Por qué primero ellos? ¿Por qué no todos juntos? — Preguntó Marissa, la “igualitaria”.

— Porque los varones somos dominantes ante las mujeres. — Dijo riendo el encargado de enseñarnos a usar los trineos. Lo que generó un gran abucheo por parte de las mujeres. — Ya enserio, chicas. Los varones son más temerarios y estúpidos, tienden a ir muy rápido y seguramente no han escuchado ni medio de todo lo que dije. Ustedes son, más bien miedosas pero igualmente estupidas. Aquí es peligroso ir muy rápido, pero también lo es hacerlo muy lento, porque el que viene detrás de ti te chocará.

<Por lo que lo más inteligente a hacer es: estúpidos por un lado, estúpidas por otro. — Por lo menos su explicación había echo reír a varios.

Luego que pasaron los varones, era nuestro turno. Tendríamos tres circuitos para recorrer, al primero llegamos fácilmente a pie, para los otros dos deberíamos utilizar las aerosillas.

Nos deslizamos por la primera pista con mucha facilidad, se notaba que era el circuito de práctica. Las curvas no eran demasiado cerradas ni tampoco había grandes pendientes al borde de las mismas.

El viento en las mejillas, el cabello hacía atrás, la velocidad a flor de piel, una de las mejores excursiones que hasta el momento habíamos tenido.

— ¿Por qué tardaron tanto ñoñas? — Dijo David pero mas bien dirigiéndose a sus amigas que al grupo en general.

— Nos han hecho esperar luego de que salieron ustedes, David.

Era el momento de las aerosillas. Una vez sobre ellas, pasábamos por encima de las pistas que pronto nos tocaría deslizarnos a nosotros y veíamos debajo a otros chicos recorriéndola en ese mismo instante.

Si no hubiera sido que entre los trajes de nieve, los cascos y las gafas realmente no veíamos a la persona debajo, quizá hubiéramos empleado muchos de esas frases al mejor estilo “camionero” o “trabajador de obra en construcción” para con esos chicos. Lo importante era divertirse, y piropear hombres de esa manera, no era algo muy visto. Por lo que hacerlo, causaba expresiones de lo más cómicas. Algunas eran de sorpresa, otros se ruborizaban, otros se reían, otros hasta devolvían el halago con otro similar.

Un momento... ¿Por qué no hacerlo en ese mismo momento?

— ¡Que buen trasero tienes! — Grité al primer varón que vi por debajo de nosotras. Él levantó la mirada y yo reí.

— ¡Samara! — Me reprendió Marissa.

— ¿Qué? Vamos, es divertido. — Marissa me miró con desaprobación y luego observó hacía abajo.

— ¡Prostituta! — Le gritó a una chica que pasaba. La chica levanto la mano e hizo la seña del “fuck you”. Ambas nos miramos y estallamos de la risa.

— Oye, se supone que íbamos a halagar hombres, no a insultar mujeres.

— Tú, que eres soltera. A mi me llega a escuchar John y esta noche me quedo sin sexo.

Reímos y continuamos con eso hasta llegar a la parte donde comenzaba el segundo circuito.

— ¿Qué opinan si ponemos esto un poco mas picante? — Comenzó Barbra. — Juguemos una carrera.

— Eso es justamente lo que el señor dijo que sería hacer algo estúpido. — Replicó Amelie rápidamente.

— Oh, vamos. Esto necesita emoción. — Las demás sólo asintieron.

— Esta bien, — Dijo. — háganlo, pero con precaución. Yo las miraré desde aquí, no me gustó mucho el circuito de práctica.

— Vamos, Amy. No seas amarga. — Trató de alentarla Hanna. Pero simplemente Amelie no quería.

— ¿Y jugamos sólo por la gloria de ganar? ¡Apostemos! — Dijo Juliette.

— Muy bien, la ultima en llegar, pagará la primer ronda de Tequilas esta noche. — Propuse y a todas les pareció bien.

Nos posicionamos y largamos las 8 al mismo tiempo. Cassandra iba ganando, Barbra la seguía de cerca. Luego venía yo y ya no sabría decir lo que ocurría detrás de mí.

En un momento determinado, noté que había algo fuera de lo normal. La pista, que debía ser de nieve, parecía de hielo. En una curva no muy pronunciada tuve que hacer mucha fuerza con la mano y hasta inclinar el cuerpo para poder girar.

Delante de mí venía una curva muy cerrada y para colmo con un gran precipicio. No podía ver nada detrás de la protección, una red naranja enganchada en dos palos, la cual tampoco serviría de mucho a la velocidad que yo iba.

Cassandra y Barbra pasaron muy fácilmente la curva por delante de mí, pero yo no podía doblar, mi mano resbalaba de la misma manera que el trineo lo hacía. Quise clavar los talones en el piso, eso es lo que debíamos hacer si perdíamos el control, pero nada, era imposible frenar por mis propios medios.

Rápidamente llegue a la red y sólo cerré los ojos. Ya sabía lo que vendría, la rompería, luego volaría por los aires. Si tenía suerte y era mucha la altura, tendría un paro cardíaco antes de sentir el dolor del impacto. Solo si tenía suerte.

Todo se estaba dando cual lo había imaginado, la red no resistió la fuerza con la que yo venía y se rompió, llegó a frenarme solo un poco, pero no lo suficiente como para dejarme sobre la pista. Comencé a volar por los aires, solté el trineo y abrí los brazos, aun con los ojos cerrados, cómo si en vez de estar volando estuviera nadando y con los brazos pudiera impulsarme hacía arriba. Lo comencé a hacer, estúpida e inconcientemente lo hice, pero para mi sorpresa yo no estaba cayendo. ¿Era posible empujar el aire hacía abajo con las manos para mantenerse en una posición... flotar en el aire?

Abrí los ojos. Por supuesto que eso no era posible, alguien me había agarrado y por eso no caía. Tenía que corroborar que me encontraba en el aire, debía mirar hacia abajo. Y sí, estábamos en el aire. Miré un poco por detrás de quien me sostenía y ví dos enormes y hermosas alas negras de plumas.

Solo entonces entendí la situación. Amelie también era un demonio.





— ¿Por qué no me lo habían dicho antes? — Le pregunté a Amelie apenas estuvimos a solas.

— Porque no sabemos hasta qué punto tu mente está a salvo. Yo no la puedo leer, tampoco Lance ni Hanna... — Amelie se piso sola diciendo eso.

— Un momento... ¿Hanna también es un demonio?

— Si, lo es. — Tuvo que admitir. — Pero, como te decía, ninguno de nosotros podemos leer tu mente, ni manipularte... con suerte logramos verte.

— Oh, vamos, no estoy entendiendo nada.

— Y yo realmente no te puedo contar... No sabemos en qué punto tiene ella conexión contigo.

— ¿Quién es ella? ¿Es de quien me protegen?

— Si.

— Pero no entiendo, si ustedes pueden apenas verme... ¿Por qué ella podría hacer algo más?

— Benjamin sí pudo. Él tiene una conexión contigo. Su amor es su conexión. La conexión que tiene ella contigo, es el odio. Se supone que el amor es más fuerte, pero nunca tuvimos que tratar con algo como esto. No sabemos cómo manejarnos y está en juego tu vida mortal, y lo que tampoco sabemos es cual es el conjuro de protección que tienes.

— ¿Conjuro? — Amelie no dejaba de decir cosas que realmente no debía decir, pero yo necesitaba seguir indagando. Mañana sería mi último día en esta hermosa ciudad, y yo debía saber todo antes de irme a casa.

— Benjamin y tú tienen al amor de por medio. Lance, Hanna y yo, la amistad. Pero teniendo esa gran conexión, incluso, tardamos cuatro días en poder verte y escucharte. Benjamin nos mostró cómo encontrarte, cómo ver tu alma.

— Ya. No me puedes tirar esa bomba y pretender que no quiera saber más. Mira, si ustedes tardaron cuatro días en terminar de verme y escucharme, ella hasta mañana no podrá hacerlo. Mi mente está a salvo hasta mañana, y mañana veremos que hacer.

— ¿Mañana? ¿Qué dices?

— Hace tres días, mi exnovio, Ryan, desapareció. Cuando lo encontramos parecía ignorarme, pero era muy extraño, lo hacía completamente. Como si no pudiera verme ni escucharme. — Comenté. — Tampoco yo lo sentía como el mismo, algo dentro de mí me decía que no era él, realmente.

< Benjamin me contó una vez que él era el coordinador cuando ese mismo tenía relaciones conmigo y yo notaba ese cambio, notaba que no era Frederic, que era Ben. Lo que yo entendí es que pueden poseer personas.

<Por lo tanto, ese día en el que Ryan me quiso ahorcar, no era Ryan. Era ella.

<Estoy a salvo hasta mañana, por lo menos mi mente lo está. Te exijo que me digas todo lo que tengo que saber. — Amelie durante toda la explicación de mi deducción estaba sorprendida, cada vez abría más los ojos. Cuando finalicé, rompió en llanto y me abrazó.

— Sigues siendo tú. Benjamin tenía razón. Eres la misma tú.





Varias cosas pasaron en el medio. Amelie que se negaba a ser la única que me contara la verdad. Ver como ella y Hanna manipulaban a todos los que habían visto mi “accidente”. Era muy extraño, ellas solo miraban a la persona desde lejos y decían lo que querían que apareciera en sus mentes.

— Comencé a jugar una carrera por el segundo circuito. Cassandra va ganando y Barbra la sigue de cerca. Delante de mí tengo a Jessica, detrás de mí a Marissa, Sam y Hanna va al último. — Decía Hanna mirando a Juliette.

— Estamos llegando a una curva muy cerrada. Sam es algo torpe, parece que no lo va a lograr... Sí, ella si logró hacerlo, la ví de reojo. — Amelie, mirando a Marissa.

— A alguien se le voló el trineo y rompió la red, pero nada mas pasó. Seguí con el circuito normalmente. — Ambas a todo el que llegó después del inconveniente y se quedó mirando la situación.

Apenas llegamos al hotel corrimos hacía la habitación y nos encerramos en la parte pequeña de la misma. Lance ya se encontraba allí.

— Así que así es como lo hacen... Pueden poner o sacar lo que ustedes quieran de la mente de los humanos. ¿Cuántas veces lo hicieron conmigo?

— ¿Nosotros? Nunca. — Contestó Lance.

— Entonces... ¿Benjamin sí?

— No lo culpes, ninguno de nosotros sabe cómo manejar la situación. Hacemos lo mejor que podemos. — Lo justificó Hanna.

— Eso explica muchas cosas... el por qué casi ni recuerdo el viaje en el bus, o los cambios repentinos de Ryan. Lo que no entiendo, es que si Benjamin quería que lo olvidara, ¿Por qué no se borraba completamente de mi memoria?

— ¿A que te refieres? — Preguntó Lance.

— Nunca me pude olvidar de sus ojos. Cada vez que veía algo verde los recordaba. — Todos me miraban asombrados.

— Fascinante. — Dijo Amelie. Me sentía una ratita de laboratorio resolviendo un laberinto y a ellos como los científicos.

— Él si se quiso borrar completamente, Sam. — Comenzó Hanna. — Pero al parecer su conexión es demasiado fuerte y nunca podrá borrarse completamente de ti.

— ¿Qué la conexión es demasiado fuerte? Nos conocemos hace una semana... máximo.

— No, Sam. Se conocen desde hace muchísimo tiempo, desde antes que nacieras. — Explicó Amelie.

— No estoy entendiendo nada.

— Chicas, creo que si alguien le debe contar su historia, no somos ninguno de nosotros tres. Contémosle lo mínimo que podemos. — Intervino Lance.

— Nosotros no somos el tipo de demonios que los humanos conocen. Nosotros somos como si fuera una mezcla de varios de sus mitos... — Comenzó Hanna.

— Es que... de algún lado salieron esos mitos, todos están basados en nosotros... — Interrumpió Amelie. — Bueno, no en nosotros tres exactamente, en todos los que son como nosotros.

— Demonios, vampiros, fantasmas, hombres lobo, duendes... Toda criatura sobrenatural que conozcas, seguramente era uno de nosotros divirtiéndose. — Continuó Lancelot.

— Lance, es muy antiguo. Él creo la religión católica. — Dijo Amelie contemplando a Lance. Era mas que obvio que ella lo amaba con todo su ser.

— ¿Enserio? — Pregunté asombrada.

— Fue bastante gracioso hacerles creer que uno de ellos tenía poderes curativos. Luego crear los ángeles... muchos de nosotros estuvieron allí conmigo.

— Es decir que eres como una especie de Dios. — Propuse a modo de conclusión.

— Si lo quieres pensar desde el punto que yo creé el mito... puede decirse que sí. Pero vamos, es todo un invento. — Comentó riéndose.

— La parte de vampiros y fantasmas tiene mas que ver con nuestra naturaleza que con nuestros hobbies. — Continuó Hanna. — Podemos tener nuestra forma de “fantasmas” donde se nos hace muy fácil leer y manipular mentes...

— Aunque eso no quiere decir que cuando estamos materializados no podamos hacerlo, sólo que nos cuesta más. — Aclaró Amelie.

— Y muchos de nosotros les gusta jugar con eso, de ahí el mito de los fantasmas. Los ruidos, las sombras, las apariciones borrosas... todo son imposiciones nuestras en la mente de algunos cuantos. — Agregó Lance.

— Y también podemos materializarnos, pero para ello utilizamos mucha energía. Nos gusta alimentarnos de carne cruda, y beber sangre tibia. — Me estremecí a lo que Hanna decía. — Tranquila, a mí personalmente, no me gusta demasiado la carne de humano. Cebra es mi preferido.

— ¿Y no los hace mas fuertes comer humanos? Eso es lo que cuenta el mito...

— Sí, y es sólo un mito. Podemos comer lo que más nos plazca.

— ¿Y las alas por qué?

— ¿Por qué las tenemos? No lo sé. ¿Tu sabes por qué tienes manos con pulgar oponible?... Somos así y no hay una razón para ello. — Contestó Amelie.

— Las alas negras son lo que más nos definen como demonios. Pero el mismo nombre ‘demonios’ es arbitrario. Podríamos llamarnos vampifantasmas, si así lo quisiéramos, pero demonios queda mas atractivo. — Explicó Lance.

— Una de las bromas inocentes que me gusta mucho hacer es generar actos fallidos en las personas. Mandarlos al cuarto de baño a buscar una manzana, o a la heladera a buscar las llaves del hogar... — Contaba Amelie.

— Generarles los famosos deja vú. — Continuó Hanna.

— Pero también hay una parte mala. Te habrás dado cuenta de que somos inmortales, sino yo nunca podría haber creado el mito de la religión católica. Nuestro infierno, es tú mundo normal. — Comenzó a decir Lancelot mucho mas serio de lo que venían contando hasta el momento, y Amelie y Hanna dejaron de reír al momento.

— ¿Cómo es eso? — Indagué.

— Nosotros podemos morir... No es algo normal y cuesta, pero nos pueden matar. — Decía Hanna.

— Cuando nos matan, reencarnamos en un humano. Ese es nuestro precio a pagar, nuestro infierno. — Continuó Lance.

— Los humanos nacen para sufrir. Nacen llorando y haciendo sufrir, y mueren sufriendo y haciendo llorar. — Explicó Amelie.

— Hay dos maneras de matar a un demonio. Matándonos directamente, o matando a quien nos creó. La segunda es muy parecida al mito de los vampiros. — prosiguió Lancelot. — Cuando nos matan de la primer manera, no podemos elegir en donde reencarnaremos...

— Puede ser mañana o en doscientos años. — Interrumpió Hanna. — Aquí o en cualquier otra parte del mundo. Siempre vamos a reencarnar en un feto, que va a ser estéticamente igual a lo que somos cuando nos materializamos y va a tener nuestra alma.

— Pero cuando nos matan indirectamente, tenemos el beneficio de elegir. — Continuó con la explicación Lancelot.

— Es como una muerte de rebote. Muchos elijen reencarnar en una persona en coma, y otros empezar una vida de cero en un feto. — Hanna.

— Y nunca recordamos nada al momento de reencarnar. Somos humanos normales.

— Un momento... Están diciendo que al reencarnar no recordamos nada, y que Benjamin y yo nos conocemos desde antes que yo naciera... eso sólo puede significar que... — Me quedé muda. No lo podía tragar, ni yo me lo creía. Pero entonces apareció él. Él, a quien yo deseaba ver. Con sus hermosos ojos verdes y pelo despeinado.

— ¿Por qué mejor no dejan que yo termine de contarle el resto? — Dijo Benjamin.

9 comentarios:

  1. Wow me quede impresionadaa con la revelación, tendre que esperar para el siguiente capitulo :)

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  2. No no lo puedo creer me dejastes sin palabras estuvo BUENISIMO nunca me lo uviera imaginado..Espero el proximo capitulo besos.!!

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  3. estuvo extraordinario, y se quedo en lo mas emocionante, que buena historia, me encanta no me he perdido ningun capitulo y siempre me quedo esperando el siguiente muchas felicidades Mica, eres una excelente escritora muchas gracias por esta fantastica historia

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  4. genial espectacular ya espero el siguiente capitulo eres una excelente escritora Mica felicitaciones

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  5. OH POR DIOS QUE DE CON GANAS DE MAS CUANDO SACAS EL OTRO SIEMPRE ME DEJAS HAY CON MAS GANAS BUENISIMOOOOOOOO EXPETACULARRR BESOS Y NO TE PREOCUPES CON TAL Y LA SIGAS Y NO DEJES DE ESCRIBIR ESTA BION

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  6. mika cuando vas a subir el siguiente capitulo

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    1. Lo antes posible. Ni bien lo tenga terminado lo subo

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  7. Tarde pero seguro! Dios! que buen cap, un poco denso lo de la excursion, lo cual me da mas ganas de irme a bariloche, lo demas EXCELENTE! Dios, era algo q no me lo esperaba... odio tus finales, pero se q lo haces aproposito.. espero el proximo! :)

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  8. Sabiaaaaaaaaaaaaa! que algo había con esos! La verdad! Muy buena! Sam es agnóstica! :P jajaja!
    Muy buen capitulo, muy buenas explicaciones! Ahora voy ansioso al próximoooooo!!! =)
    Great! Speechless! ;)
    Pablo

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